Alto a la soledad
En Marzo viví, junto con otras 300 personas, la experiencia de “Lo Alto”. Es un encuentro anual que organiza “Desafío”, en pos del bicentenario, con el objeto de subir a la montaña para bajar con fuerzas renovadas a sembrar y generar cambio en el plano, en la ciudad. El mensaje este año estaba dirigido a fortalecer los espacios comunitarios, desde una perspectiva de identidad del ser humano.Los seres humanos, somos por naturaleza, una especie social, que vive en comunidad, en grupos. El hombre, solo, en aislamiento, sufre, se denigra y muere. Rodrigo Jordán comentaba, volviendo de su viaje a la antártica, que en la montaña o en las zonas gélidas, para poder sobrevivir era necesario contar con el apoyo, cercanía y compromiso del otro. El medio ambiente le exigía la necesidad de sostén, de compañía y de contacto. Y le asombraba descubrir al volver a la ciudad el movimiento en contrario, de aislamiento, defensa e incomunicación.
Muchas veces en nuestro entorno nos podemos encontrar defendiéndonos de otros, aislándonos y buscando las formas de proteger nuestro espacio. Hace unas semanas desarrollamos una actividad de team building con un equipo ejecutivo. Existía convicción que necesitaban formar y trabajar en equipo, más las líneas estaban cortadas, había desconfianzas, molestias y aprensión y defensas de unos con otros. Dos gerentes vivían cotidianamente la soledad y aislamiento de sus compañeros de trabajo. ¿Qué tiene que ocurrir para que un equipo llegue a tales situaciones, con un deterioro paulatino de las relaciones interpersonales y de las confianzas? Nos podemos imaginar las consecuencias de tal situación, donde no sólo los rendimientos son bajo lo esperado, sino además el esfuerzo es mayor y los niveles de satisfacción y realización personal son bajos. Y este tipo de ejemplo, lo podríamos extrapolar a diversas situaciones de nuestra vida, con nuestros equipos, con nuestras familias, con nuestras parejas. Este tipo de aislamiento nos lleva inevitablemente a la soledad, dramática enfermedad de nuestros tiempos.
El camino al fortalecimiento de los espacios colectivos, de grupo y de equipo no es difícil. Como seres humanos lo sabemos hacer. Muchas veces es necesario enfrentar un conflicto a tiempo, evitar el chisme y el rumor, hablar con sinceridad y de frente, ser cuidadoso con la crítica, enfatizando a que sea constructiva. Agradecer y reforzar positivamente. Saludar. Tener la voluntad y la conciencia de generar espacios constructivos, mostrar y entregar esperanza, poner énfasis en lo positivo y en lo que hay, y desde allí mirar lo que falta. Transmitir y compartir información, consultar cuando hay duda, dar honestamente la opinión. Creer en uno mismo y en el otro, pedir disculpas y disculpar. Alentar y motivar. Crear y compartir una visión positiva. Atreverse a encontrar al otro y reconocer que sin el otro, el resultado puede ser difícil de alcanzar. Tengo la convicción que nosotros tenemos “el poder” para crear los ambientes y contextos que queramos, es cosa de proponérselo y actuar en consecuencia. ¿Y tú, qué contextos estás generando en tu empresa, con tus vecinos, con tus hijos, con tu pareja, con tu equipo? ¿Qué te comprometes a realizar contigo mismo?
* Te invito a ver el video de Lo Alto 2007. Producción: Vicente Espinosa, Música: coro Voces para el Señor que dirige Juan Pablo Soffia. Edición musical: Fernando Barroilhet. Entrevista: Mariella Rossi. Está en Youtube.
I parte / II parte
