sábado, agosto 11, 2007

Mirar más allá de mi nariz


Por actividades del trabajo fui durante una semana a Angola, un país Africano. Tres cosas me impresionaron.


Lo primero fue la pobreza. Manifestada principalmente a través de la suciedad de sus calles y las veredas de tierra. Las mujeres van a buscar agua a un pozo o a alguna llave pública, y caminan con los bidones en la cabeza mientras en la espalda cargan un pequeño crío. También las vi cargando en sus cabezas canastas con pan, cajas con fruta hasta cilindros de gas. Los hombres, si es que cargan, lo hacen con carretillas de madera, confeccionadas por ellos mismos. Mucha gente en las calles, conversan, ríen, caminan y compran y venden en un mercado informal bastante desarrollado. La educación obligatoria llega sólo hasta los nueve años de edad, es decir, alrededor de tercero básico.


Lo segundo fue las diferencias socio económicas y la concentración del poder. En contraste uno puede ver autos últimos modelos, 4x4, grandes. Comúnmente, pertenecientes a personeros públicos o ejecutivos de empresas. Un grupo que por lo general estudia y se forma en el extranjero.


En tercer lugar, a pesar de la distancia y diferencias, la problemática humana es la misma acá que allá. Al menos en la empresa donde estuve, también existen desconfianzas, inseguridades, estancos entre áreas, temor a la jerarquía, faltas de compromiso, trato duro, problemas de comunicación. Al igual que en esa empresa, en las empresas chilenas, también la gente es sensible, hay buena voluntad, hay preocupación por la pobreza, hay bastante conciencia y responsabilidad social, hay profesionalismo y la gente pone lo mejor de sí.


Entre otras cosas, esta visita me permitió ampliar mi capacidad de observación. No sé si decir inocente, pura, cordial o alegre, pero algo de eso me llamó mucho la atención y gustó de ellos. A la vez, he vuelto a valorar la belleza de nuestra ciudad, la calidad de sus construcciones y de sus calles, la limpieza en sus veredas y parques, la calidad de la infraestructura vial y transporte público y la calidad de vida de las personas. A veces nos falta mirar más allá de nuestras narices para valorar lo que tenemos y cambiar nuestro discurso, a uno más optimista.