Escuela de aprendizaje
Estimados amigos, pospondré las respuestas comprometidas acerca del liderazgo emocional y comentaré la situación de negociación que hemos visto estos días entre los estudiantes y el gobierno.Creo que la gravedad del conflicto y los ribetes que ha alcanzado, tienen su origen en la mala conducción y manejo de una negociación. En este sentido, pensando sobre el particular, creo que nos brinda una buena oportunidad para aprender de los errores, e identificar si estamos cayendo en algunos de ellos en nuestro quehacer.
Que aprendo, en lo personal, de esta situación:
Valorar a mi contraparte. Con quien tengo que negociar, independientemente del rol y posición que juega, es alguien a quien debo respetar y valorar. Su posición, por muy distinta que sea de la mía, es tan legítima como la mía. Es un error subestimar a quien tenemos al frente, suponer que “mide” o vale menos que nosotros, suponer que no va a “estar a nuestra altura”. Me da la impresión que el gobierno ha caído en un par de veces en esta posición.
Tener un discurso común. Para esto, se requiere preparar la negociación y colocar todas las posturas y escenarios sobre la mesa. Los alumnos, adolescentes, nos han dado, en gran parte de la negociación, una clara lección de alineación, acuerdo, objetivo común y propósito compartido. Esto ha permitido poder escuchar a distintos jóvenes, en diferentes canales, más o menos a la misma hora, declarando un mismo discurso. Esto le ha generado fuerza a esa coalición y debilitado a la contraparte que ha manifestado opiniones encontradas.
En la participación masiva, el orden, creatividad y organización son factores claves. Hemos visto como, a través del uso de la tecnología, los chat y mails, se ha desarrollado una organización tal que llevó a crear un movimiento nacional estudiantil y al menos, colocar en una posición incómoda y vulnerable al gobierno.
Me convenzo cada vez más que la estrategia de negociación de posiciones o conocida también como competencia, no permite llegar a un buen resultado. Por lo general es costosa, poco eficiente y deteriora la relación entre las partes. Cuando cada uno toma una posición, se orientan todos los esfuerzos y energías a sostener y validar esa posición, en vez de buscar en conjunto una solución. Una estrategia de negociación de colaboración, o también conocida como ganar – ganar, o el modelo de negociación de Harvard, aplicado en este caso, hubiera llevado a resultados distintos, de manera más eficiente y dejando satisfechos a las diferentes partes. Sin lugar a dudas, si el gobierno hubiera manejado este modelo, hubiera podido gestionar de manera muy distinta este conflicto.
Capacidad de escucharse. Me ha dado la impresión, que en reiteradas veces, ambas partes estaban planteando lo mismo, tenían los mismos intereses sin embargo, por falta de escucha y por situarse en posiciones contrincantes, no lograron ponerse de acuerdo.
Incorporar un estilo de negociación de colaboración. Que pueda responder a la pregunta ¿Cómo y que hacer para lograr que yo gane y que también gane el otro? En una perspectiva de colaboración, el interés de las partes es en encontrar solución que deje satisfechos a ambos. No en ganar y perder.
Cuando se tira mucho el elástico, se rompe. Me refiero a algunas medidas que ambas partes han expuesto, que aparecen como un poco extremas en demasía. Esto tiende a rigidizar la relación con el eventual riesgo de quiebre o pérdida. Fue lo que le ocurrió al gobierno al posponer dar una solución concreta a las demandas de los alumnos. Y es lo que le puede pasar a los estudiantes al extremar las exigencias al gobierno.
Otra constatación adicional, no vinculada directamente con la negociación, es darnos cuenta que nuestra juventud, muchas veces vilipendiada, piensa y tiene intereses valederos respecto a problemas de país. Es jugada, audaz, organizada y desea, al igual que los adultos, un Chile mejor.
